DIÁLOGOS EN LA REPÚBLICA DE LOS DATOS: INNOVACIÓN SOCIAL, CIUDADANÍA DIGITAL, #DIGIZENS Y URBANISMO DE “INSTAGRAM”.

 

URBAN 360º, the blog curated by Pablo Sánchez Chillón, Urban Planner, Lawyer, Researcher and CEO and Co-founder of Eolexcitylab, Urban Innovation Lab based in Alicante (Spain).  

En las últimas semanas han visto la luz algunos artículos y entrevistas y en las que he participado y donde, a vueltas con la innovación urbana, los nuevos ciudadanos digitales y el ¿hype? de las Smart Cities, he podido ordenar algunas de las ideas y conceptos sobre los que trabajo y que se asoman de manera recurrente por este blog URBAN 360º.

Puesto que retoman y profundizan en las refexiones que han aparecido en otras publicaciones, he considerado oportuno compartirlas en este momento, -con enlace a sus fuentes originales-, mientras preparo el siguiente post , de próxima aparición.

Sea  en mi artículo para Conele Digital (Distrelec) (febrero 2013) o en mi entrevista con la periodista Elena Sorribas para la Revista Conversas (febrero 2013), podréis encontrar estas reflexiones de manera ordenada. Por su profundidad y alcance, transcribo el texto completo de esta última, tal y como fue completada antes de su maquetación final por sus editores, y que aparece en su último númerode febrero.

 

(Pregunta: Elena Sorribas (Periodista) / Responde: Pablo Sánchez Chillón)

En primer lugar, nos gustaría conocerle un poco más y conocer Eolexcitylab, ¿nos puede hacer una breve presentación?

Cuando empezábamos a andar, hace ya algo más de 3 años, éramos la única Consultora española que apostó por las Ciudades Inteligentes. Hoy, superada la soledad y las incertidumbres del primer momento, podemos considerarnos un equipo de profesionales (abogados, arquitectos, ingenieros, sociólogos) pioneros en el ámbito de la innovación urbana y el paradigma de las Smart Cities, con una visión holística y pluridisciplinar  que está en el adn de nuestra empresa.

Asesoramos a quienes buscan mejorar la gestión de las ciudades y el modo en que se ordenan territorialmente, a quienes impulsan la innovación social sobre base tecnológica en entornos urbanos y a los gestores públicos y privados que pretenden ser agentes de transformación del futuro de las ciudades, impulsando iniciativas y actividades asociadas a la nueva economía urbana.

En mi caso, particular, además, procuro mantener una actitud de reflexión, estudio y producción intelectual independiente de mi actividad como profesional – mi blog Urban 360º es mi forma de asomarme al mundo – y, además, tengo la inmensa fortuna de participar como profesor invitado en algunos programas formativos sobre urbanística e innovación y de ser invitado como ponente a numerosos foros y encuentros sobre ciudades por todo el Planeta, conociendo gente y lugares muy interesantes.

Entremos de lleno en el tema. Vamos a por la primera pregunta ¿Sobre qué pilares fundamentales debe sostenerse y proyectarse cualquier ciudad?

En primer lugar, sobre la identidad y autenticidad del lugar y su gente: no conozco un solo caso de éxito de un proyecto de ciudad en el que se imponga la impostura, el hacer pasarse por otro lugar. Ello no implica que deba desecharse el riesgo. Vale la pena tener una actitud de osadía ante la vida que en el caso de las ciudades pasa por apostar por la innovación y la originalidad, frente a propuestas uniformadoras fácilmente replicables.

Del mismo modo, en un mundo totalmente conectado, las ciudades deben ser nodos activos dentro de una red de territorios, favoreciendo el tránsito e intercambio de conocimiento, personas, bienes y servicios.

Por último, las ciudades más vibrantes e inclusivas son aquellas que confían de verdad en el talento, la iniciativa y la creatividad de sus ciudadanos, facilitando canales para la participación, el compromiso y la dinamización de la experiencia de vida urbana.

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¿A quién pertenecen hoy las ciudades?

 A todos y a nadie. Las ciudades son ecosistemas tan complejos, tan imperfectos, y a la vez tan estimulantes que arrogarse su propiedad es tan ridículo como infructuoso. Una ciudad es el sumatorio de muchas fuerzas dinámicas y divergentes, un agregado de capas y perfiles tan poliédrico que la verdadera virtud del gobernante, de las instituciones que rigen nuestras urbes, pasa por favorecer la convivencia y por estimular el sentimiento de pertenencia de los ciudadanos al proyecto común ciudadano, estimulando las relaciones de complementariedad entre todos los que habitamos el contínuo urbano.

¿A quién le corresponde tomar decisiones para transformar las ciudades?

Ciertamente dependerá del sistema del que se haya dotado cada territorio y del grado de consenso en torno a la legitimidad de ese sistema para atribuir los roles en la toma de decisiones. Desde luego, no será lo mismo una iniciativa de transformación urbana en la actual Corea del Norte, por poner un ejemplo, que la que pueda adoptarse en el marco de un sistema de garantías y derechos como el de la Unión Europea. En todo caso, creo que la virtud en este plano descansa en el equilibrio dinámico y adaptativo entre el liderazgo institucional y la opinión formada e ilustrada del experto y las iniciativas bottom-up, surgidas de la voluntad ciudadana.

Hay muchos ejemplos de éxito alrededor de estas fórmulas mixtas de decisión.

¿Qué es una Ciudad Inteligente?

Al margen de la estimulante ‘etiqueta’ y del cierto abuso del concepto en nuestros días, una definición convencional  de la Ciudad Inteligente apuntaría hacia aquélla que aplica las tecnologías de la información y las comunicaciones para lograr una gestión más adecuada de los recursos y una mejor prestación de servicios, favoreciendo la toma de decisiones óptimas en tiempo real a partir de un caudal de información útil obtenida en el complejo ecosistema urbano.

Como urbanista y científico social, a este concepto netamente funcional, me gusta incorporarle un enfoque territorial (la capacidad de la tecnología para transformar y adaptar físicamente el territorio) y la visión relacional, aquélla que subraya que uno de los principales logros de las Ciudades Inteligentes vendrá del campo de la innovación social, aprovechando la renovada ‘sociabilidad’ en redes de los ciudadanos y su creatividad, especialmente en las capas digitales de la ciudad.

Son los “Digizens” o nuevos ciudadanos digitales quienes liderarán el cambio de nuestras ciudades contemporáneas.

¿Se corre el riesgo de que se abran brechas entre ciudades inteligentes y/o creativas y ciudades que no lo sean? ¿Y entre los ciudadanos que adopten las tecnologías para vivir la ciudad (Digizens según su definición) y los que no?

Más que una brecha por razón del despliegue y aprovechamiento de la tecnología entre territorios –que ya existe por otras razones- creo que el verdadero reto de nuestras ciudades estriba en la capacidad de activar a la ciudadanía y de canalizar y aprovechar el talento urbano y lo mejor de los rasgos de la cultura on-line (que es creativa, generosa, participativa y curiosa hasta el exceso) en pro de objetivos comunes para nuestros territorios. Hay toda una generación de ciudadanos que son híper-activos en redes sociales pero absolutamente apáticos con su entorno físico y territorial, lo que constituye un serio riesgo para la convivencia y para el futuro de las ciudades.

Del éxito de este proceso de ‘activación’ de los ‘Digizens’, y de la capacidad de estimular la innovación social dependerá la aparición de brechas entre territorios en los que suceden cosas y aquellos que se ven sumidos en una atonía permanente, con consecuencias de orden económico, poblacional y sentimental.

Estos “Digizens”, o nuevos ciudadanos digitales (cuyo número crece a marchas forzadas) están presentes ya en todas las comunidades urbanas, razón por la cual se deben convertir, en un ejercicio de co-responsabilidad con el territorio y su propio entorno relacional, en interlocutores activos y agentes del cambio en nuestras ciudades híper-conectadas, beneficiando con sus acciones al resto de la comunidad.

¿Para quién se crean las ciudades?

Esta pregunta apunta a la dicotomía entre vivir y habitar las ciudades. Si se la hicieses a un dirigente de un régimen autoritario asiático –por ejemplo, la China contemporánea- acostumbrado a crear mega-ciudades de nueva planta a las que luego se desplaza a centenares de miles de habitantes, la respuesta tendría que ver más con la organización del trabajo y los programas de desarrollo e incremento de la producción que con otras razones más humanas o filosóficas.

Por suerte, el grado de urbanización de nuestros territorios, la tradición democrática, la huella de las civilizaciones que nos precedieron y el acervo histórico e identitario que caracteriza nuestras sociedades nos impide asistir a fenómenos de creación de nuevas ciudades como los que se están produciendo en el Sureste asiático, que escapan de la lógica racional a las que estamos acostumbrados en nuestro entorno.

 Las tecnologías han transformado prácticamente todas las profesiones, han transformado las relaciones entre las personas, la participación ciudadana, el consumo… ¿Cómo le ha influido a la ciudad? ¿La transformación de la ciudad en inteligente y hiperconectada ha idealizado el uso de las tecnologías como solucionador de todos los problemas de las ciudades?

La tecnología ha transformado el espacio urbano desde los orígenes de la ciudad. La polea, la canalización de aguas potables, la iluminación con lámparas de gas o la circulación de vehículos a motor, por citar algunos hitos tecnológicos de épocas muy diversas, han dado forma a nuestras ciudades y han influido en el modo de ocupar y aprovechar el espacio.

En épocas de oscuridad y cierta desesperanza como las que ahora vivimos, la búsqueda de un bálsamo de Fierabrás que resuelva todos los problemas que nos aquejan, está en la agenda de todos los actores de la ciudad. Las ‘tecnologías’ (fundamentalmente las TIC) están re-escribiendo el presente de nuestros territorios y el relato de las vidas de muchos ciudadanos, generando nuevas oportunidades laborales y derribando obstáculos como pocas veces ha sucedido en el pasado. Hemos defendido, por ejemplo, que, gracias a la conectividad, la tecnología del Cloud y el acceso ubicuo a Internet, se está transformando el mundo del trabajo y las relaciones laborales urbanas, hasta el punto de afirmar que ahora, ‘The City is the Office”, (La Ciudad es la Oficina) dada la polivalencia del espacio conectado para acoger, de manera ubicua y acaso temporalmente, a una legión de trabajadores que abandonan sus oficinas y centros de trabajo ayudados por la tecnología.

Dicho esto, desde luego, elevar a la categoría de infalibilidad a la tecnología supondría cometer los mismos errores que quienes nos precedieron en el tiempo.

¿Qué papel juega la tecnología y qué parte del protagonismo le corresponde en la ciudad inteligente?

Considero muy relevante el papel de las tecnologías de la información y las comunicaciones en la consecución de los objetivos de gestión más adecuada de los recursos y la mejor prestación de servicios en la Ciudad Inteligente, abaratando costes y optimizando procesos, en beneficio de la mayoría de la población y del medioambiente.

En este sentido no quiero dejar de insistir en la capacidad de la tecnología para transformar y adaptar físicamente el territorio de la ciudad, dando lugar a la generación de espacios híbridos, puntos de encuentro entre los planos digitales y reales de la ciudad que serán de gran utilidad para fortalecer los procesos de innovación urbana y la generación de oportunidades asociadas al despliegue de la creatividad y las actividades de la nueva economía urbana. Las Ciudades Inteligentes serán integradoras y exitosas cuando sepamos integrar con naturalidad tecnología, espacio y compromiso ciudadano al servicio de objetivos compartidos.

¿Y el ciudadano?

 Nos gusta considerarlo el verdadero centro de la Ciudad Inteligente. A esta convicción del carácter de centralidad del ciudadano en la Smart City la hemos denominado “Civicentrismo”, piedra clave del armazón de la ciudad conectada. Todos aquellos proyectos de Smart Cities que no cuenten con el papel transformador del ciudadano (como sujeto activo y responsable) errarán en sus pretensiones, creando experiencias más características de los laboratorios que de la ciudad.

Este “Civicentrismo”, que se desarrolla en un entorno urbano híper-conectado en el que disponemos al instante de un ingente caudal de información sobre el estado de la ciudad, genera un nuevo estado de conciencia cívica característico de la Ciudad Inteligente que requiere, a su vez, de una  nueva co-responsabilidad del ciudadano con el entorno habitado, las infraestructuras urbanas y con la esfera pública y convivencial comprometiéndose en su mantenimiento y mejora.

mapAhora bien, las llamadas retóricas a la participación ciudadana no sirven de nada si no se acomodan a los nuevos usos y lenguajes de los habitantes de las ciudades, como tampoco resultan efectivas las campañas de activación del compromiso que sólo apelen al plano digital olvidando la escala física y relacional de la ciudad.

¿Se modifica el espacio de la ciudad? ¿Debemos hablar de ciudades con límites geográficos y de ciudades digitales en las que los límites vienen marcados por otros marcadores: temáticos, contextuales, profesionales, culturales…? ¿Se altera el tiempo en estas ciudades? ¿La ubicuidad y la movilidad hacen que el tiempo se organice de forma diferente?

La pregunta es muy interesante. He aludido ya a la existencia de unos rasgos característicos de la ‘cultura on-line’, que definen los parámetros de actuación de un número creciente de ciudadanos, a quienes hemos denominado “Digizens”. Estas características de híper-actividad digital, alteridad completa y generosidad en planos virtuales ha tenido consecuencias inmediatas sobre la percepción del espacio físico de la ciudad, que pasa a un segundo plano, como un mero soporte gris y desleído para una colorista realidad que se desarrolla en planos digitales.

La gente se mueve libremente en espacios virtuales, más allá de las fronteras físicas de la ciudad habitada y ve en la limitación física una barrera para sus pretensiones de conectividad y alteridad. Alguien ha dicho que la gente se ha ido a vivir a las redes sociales, y el primer sacrificado ha sido el territorio y las relaciones interpersonales en el territorio de la ciudad.

De igual manera, la necesidad de obtener respuestas inmediatas a nuestros deseos de ‘socialidad’ en redes sociales, por ejemplo, ha acabado por liquidar el sosiego y la prudencia que caracterizaban buena parte de las acciones urbanas en la era previa a la conectividad ubicua, condenando a la obsolescencia prematura a todo aquello que desaparece de la pantalla de nuestros teléfonos inteligentes. La aparición de movimientos como el de las ‘Slow Cities’ pone el contrapunto a la percepción distorsionada del tiempo de la ciudad.

¿Una ciudad inteligente es creativa?

Lo será en la medida en que lo sean sus habitantes. Lo cierto es que el acceso ubicuo a autopistas de información y al nueva alteridad a la que nos enfrentamos en los planos digitales de la ciudad favorecen de manera significativa la inspiración creativa y el intercambio de experiencias y testimonios entre ciudadanos, artistas y nuevos activadores del espacio urbano dando lugar a un nuevo ‘genius loci’, tremendamente fértil y característico.

Si, además, somos capaces de establecer espacios (públicos y privados) de hibridación físico-digital, polivalentes y tecnológicamente reactivos que sean capaces de acoger manifestaciones del talento local en un contexto global (lo que algunos han llamado como actitud ‘glocal’), es muy probable que la creatividad sea una característica natural de las Ciudades Inteligentes, haciendo de ellas lugares divertidos, habitables y activadores del compromiso, reforzando los lazos y el sentimiento de pertenencia entre sus habitantes.

¿Cómo conviven la ciudad inteligente, la ciudad útil, la ciudad sostenible y la tradicional e histórica?

Como he manifestado antes, considero que la definición canónica de Ciudad Inteligente apela a un criterio funcional (mejora en la prestación de servicios, optimización de procesos, mayor eficiencia y sostenibilidad), razón por la cual, su despliegue efectivo tiene más de paradigma o método para la actuación que de doctrina fundacional de una nueva forma de ciudad.

Ahora bien, históricamente (y en especial, en el plano intelectual) pocos sustantivos han aceptado tantos epítetos como el de ‘ciudad’, y no pocas veces se ha tratado de confrontar estas visiones haciendo de ellas planos incompatibles. Insisto, puesto que me interesan las Ciudades Inteligentes que reconocen el protagonismo del ciudadano y apuestan por la innovación social, esta actitud es a la vez útil, sostenible y entronca con la tradición histórica de nuestras ciudades.

¿Cuánto de marketing tienen las ciudades de hoy en día?

Las ciudades se han convertido, por méritos propios, en protagonistas del futuro de nuestro planeta. En nuestros días, los territorios compiten por atraer talento, recursos e inversiones, y las ciudades se han convertido en importantes polos de conexión en un mundo de redes y entramados de colaboración y competición.

Desde luego, en una sociedad de consumismo itinerante, en la que se ha producido una estandarización de formatos y lenguajes, el marketing de ciudades se ha utilizado como una herramienta útil para generar un relato interesante que favorezca la atracción de visitantes y capitales. No obstante, no es menos cierto que, con carácter general, al emplear los recursos y señuelos del marketing en el campo de las ciudades, se ha tendido a uniformar el mensaje, dando lugar, a lo que vengo denominando Urbanismo de Instagram”, o lo que es lo mismo, la repetición de una forma urbana mejorada por la acción de un filtro embellecedor y el favorecimiento de un uso del territorio reconocible de manera ubicua e intercambiable entre territorios, a costa de la originalidad, la identidad y las características particulares de cada lugar.

  

¿Cómo estamos en España? ¿qué tipos de ciudades tenemos?

Si nos ceñimos a las Ciudades Inteligentes, la situación de nuestro país es paradójica. En un contexto de depresión generalizada y falta de horizontes como el que nos devuelve el espejo de la realidad, el discurso de la Smart City en España, tal vez por el cúmulo de errores sistémicos y una urgencia de hacer de la necesidad virtud, ha calado como en ningún otro lugar de Europa, y nuestro país es pionero y ejemplo en este campo.

Proyectos como los de Málaga, Santander, Barcelona, Vitoria, Elche etc son casos de estudio fuera de nuestro país y nuestras empresas de servicios urbanos y nuestros profesionales de la consultoría en el ámbito de la innovación territorial son invitados frecuentes a foros y encuentros internacionales en los que existe un verdadero interés en la vía española hacia la Ciudad Inteligente (yo mismo tengo una agenda de compromisos fuera de nuestro país que me obliga a priorizar y elegir). Este potencial hay que aprovecharlo, sacudiéndose el aturdimiento, los complejos y la apatía, tratando de consolidar un sector de desarrollo con un futuro muy interesante y procurando impulsar iniciativas de orden social ciertamente relevantes y enriquecedoras. Podemos, como país, ser ejemplo virtuoso en este campo.

 

Leía en un artículo las críticas de un arquitecto a la implantación de recopiladores de datos en las ciudades sin control, este arquitecto decía que la mayor parte de las veces se recopilaban datos sin saber para qué y, por ello, era una gasto de tiempo, dinero y conocimiento realizado en vano. ¿Cree que hay un abuso de las tecnologías en la ciudad, con implantaciones de programas sin objetivos claros? ¿Faltan aplicaciones prácticas?

Evidentemente, cada cual es libre de pensar lo que quiera en relación con las más diversas cuestiones que nos asaltan todos los días. En el campo de las Ciudades Inteligentes es cierto que no ha habido término medio, pues se ha pasado de la confianza desmedida en la llegada de una ‘Arcadia digital’ a la crítica más feroz y despiadada del modelo, poniendo de manifiesto un rasgo del carácter muy presente en nuestro adn nacional. Al margen de las consideraciones que parten de la ignorancia o los intereses creados, todo producto humano admite la crítica, y es cierto que se han cometido errores y que toda propuesta es mejorable.

IMG_2076En todo caso, en una época en la que se está produciendo una creciente integración profesional y la generación de plataformas de conocimiento y acción multi-sectoriales sí me gustaría señalar que va llegando la hora en la que los profesionales de la ciudad –en especial los arquitectos– logren sacudirse del aturdimiento en el que llevan sumidos ya varios años desde el colapso del mercado desarrollista inmobiliario, recuperando el rol protagonista en el diseño y conceptualización de la ciudad, que han cedido sin lucha a los tecnólogos. Yo, como urbanista, me he sentido muy solo en esta travesía profesional.

Y por último, a no ser que quiera a añadir algún detalle más al final, ¿Existe la ciudad ideal?

Existen muchas ciudades ideales, tantas como aspiraciones de ciudadanos podamos encontrar en nuestros territorios. Acaso, mi ciudad ideal es un lugar inclusivo, compacto, sostenible, un espacio híbrido y reactivo poblado de ‘Digizens’ participativos, co-responsables y comprometidos con su entorno, en el que los sentimientos de pertenencia e identidad al lugar complementan la natural vocación de formar parte activa de una red de territorios conectados y colaborativos; espacios ‘glocales’ creativos, estimulantes y entretenidos. Una ciudad que trato de ver cada vez que me asomo a la ventana.