INTELIGENCIA URBANA PARA UN SIGLO MEJOR [VÍDEO]

[⭕] Five more years.

Ordenando el trastero digital me encuentro con esta ponencia en la Factoría de Innovación de la Escuela de Organización Industrial / EOI y CEEIM (Murcia), en la que estuve charlando sobre Ciudades Inteligentes, Smart Destinations y Gobierno y Comunicación de la Innovación en las Ciudades.

De esto hace algo más de 5 años, pero aparte de una pandemia global que le ha dado la vuelta al mundo como un calcetín, la era de Trump y la Internacional Populista, la despedida de Merkel y la penúltima ‘obra maestra’ de Los Planetas poco ha cambiado nuestro mundo.

Hubo una época, no hace más de un quinquenio, que en España fuimos más inteligentes que nunca. Ese periodo vibrante en el que nuestro país abrazó con especial fervor el paradigma de las Ciudades Inteligentes. Alcaldes, empresas, instituciones, traficantes de sueños y de humo y no pocos llaneros solitarios encontraron en el recurso de las Smart Cities un vector de dinamización de las agendas municipales y un contrapunto discursivo a la atonía y pesimismo que marcaba la realidad económica nacional, alentando iniciativas, proyectos exitosos y algunos vanos experimentos que, al calor del despliegue de la tecnología en la ciudad, han gozado, con el pasar del tiempo, de un notable recorrido mediático y de algo menos de popularidad y respaldo social.

Todavía hoy, leyendo los curiosos consejos que un experto en Smart Cities – humanista- regala a una ciudad como Zaragoza en enero de 2022 – componer y difundir una canción al estilo del Barcelona de Freddy Mercury y Montserrat Caballé para ganar relevancia global- compruebo que la inanidad y la superficialidad persisten en el discurso de la Innovación urbana, sin que hayamos aprendido de los errores del pasado.

Con visión retrospectiva se suele jugar con algo de ventaja en los análisis, aunque es verdad que estas ideas ya las defendía, entonces, en encuentros como el hoy recupero. Entonces, la realidad nos enseñaba que al margen de la elasticidad semántica en la que se ha hizo descansar el discurso de las Ciudades Inteligentes en nuestro país, y en la conveniente polisemia del término, se podía afirmar, sin equivocarnos que la irrupción del paradigma de la inteligencia urbana en nuestro país y el proselitismo en torno a sus virtudes se realizó —con contadas excepciones en aquellas ciudades con un verdadero proyecto detrás de la etiqueta; Santander, Málaga, Barcelona o Elche por citar algunos ejemplos— de un modo acrítico y no pocas veces interesado, generando un imaginario y relato de la Smart City notablemente instrumental, que guardaba notable parecido con el contenido de los portafolios empresariales de ciertos gigantes tecnológicos.

En cualquier caso, hoy, algunos años después de aquello, no podemos negar que la consolidación de una forma genérica de entender la Smart City ha servido para animar, de manera ciertamente interesante, el panorama de la innovación municipal española, incorporando a la agenda de la política y al ámbito de las decisiones, (y a la de los medios de comunicación), un enfoque de renovado interés pragmático en torno al futuro de la ciudad que se ha revelado útil al propugnar el nuevo papel de la tecnología como catalizadora de la modernización urbana. Ello ayudó a impulsar una vigencia renovada del discurso de la ciudad como espacio de convivencia híbrida (real/digital) y foco de atención y preocupación frente a los retos de la humanidad, de naturaleza eminentemente urbana que acompañan la llegada del nuevo milenio, fundamentalmente en clave de escasez de recursos, impacto medioambiental, sobrepoblación y desigualdades sistémicas.

En este período que arrancó en 2010, y en el que nuestro país se convirtió en referente mundial en el campo de las Smart Cities, el binomio Ciudad / Tecnología ha orillado, en no pocas ocasiones, el papel del ciudadano en el proceso dinámico de promoción y consolidación de la denominada inteligencia urbana, verdadera gasolina del modelo Smart, relegándolo al rol de mero espectador de una contienda entre plataformas, sistemas y soluciones empresariales, en las que el discurso pragmático (cuando no, mesiánico) sobre el futuro de la ciudad, las servidumbres del mal denominado ‘tiempo real’ y un enfoque excesivamente marcado por el imperio de la tecnología y la dictadura de las nuevas métricas (todo ha de ser objeto de medición y control en estas nuevas Repúblicas de Datos que son las Ciudades Inteligentes) terminó convirtiendo a los habitantes de las ciudades en meros píxeles en una sofisticada pantalla de control, alejándolos del espacio de centralidad —Civicentrismo lo hemos llamado en alguna ocasión— que les correspondería ocupar en la construcción del presente y el futuro de las Ciudades.

Si convenimos que en una era marcada por la impactante presencia de lo digital en nuestras vidas, el papel proyectado de la ciudad ha quedado relegado, en no pocas ocasiones, al de una suerte de deambulatorio de zombies absortos en pantallas y gadgets que los alejan del espacio construido y compartido a base de interacción con los demás, parece más que conveniente volver a reivindicar el diseño de estos espacios urbanos pensando en la nueva sociabilidad que caracteriza nuestra vida urbana contemporánea, ampliada hasta el paroxismo digital por los dispositivos y la multiplicidad de pantallas pero empobrecida en el plano de la interacción física con los demás y con el propio territorio, especialmente cuando nuestras ciudades siguen siendo ordenadas y diseñadas según patrones y modelos del siglo XIX.

Esta charla con EOI me parece interesante, porque recoge ese espíritu de un tiempo concreto en nuestro país, en un continuo que va desde la acción de gobierno a los modelos de negocio digitales, a caballo entre la ilusión, el escepticismo rampante y una cierta sensación de camaradería entre pioneros que luego se disolvió como aquellas lágrimas en la lluvia de Blade Runner. He participado en muchas más después, pero creo que esta conversación con empresarios no ha envejecido mal. En ella aparecen muchos de los conceptos, visión y experiencias profesionales adquiridas y perfeccionadas trabajando con ciudades, gobiernos y equipos internacionales durante años, muchos de los cuales siguen plenamente vigentes. El archivo es amplio y heterogéneo (aquí) .

Un pelín más joven, acaso 😉 pero creo hoy mantener el mismo ímpetu (y más experiencia).

Apuesto (y me comprometo a ello si alguien está escuchando…) por otros 5 años más compartiendo vivencias, reflexiones y conocimientos con vosotros.

Seguimos. Cuidáos.

📌 [Dentro Vídeo]

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