SMART CITY: DE LOS JUEGOS FLORALES Y EL DELEITE INTELECTUAL A LA AUDACIA PARA 2012. NUESTRO BALANCE DEL AÑO QUE VIVIMOS ‘INTELIGENTEMENTE’.-

Quizá porque ya asoma el año 2012 o porque no somos ajenos a la urgente necesidad de conformar un sumario de informaciones, vivencias, experiencias y reflexiones que nos ataca durante estos vertiginosos días, no queremos concluir el primer año efectivo de vida de este blog URBAN 360º, sin ocuparnos de los méritos de lo que consideramos el topic del año, al menos en el campo de las ciencias urbanas: la CIUDAD INTELIGENTE.

En este mismo lugar en el que hemos denunciado cierto estado de euforia colectivo en torno al fenómeno ‘smart’, (http://wp.me/pTXHi-b5) en el que hemos sospechado de las soluciones globales para la ciudad propuestas por multitud de agentes tradicionalmente ajenos al fenómeno urbano y en el que hemos criticado el exceso de academia y deleites teóricos frente a la necesaria audacia y la acción que piden hoy nuestras ciudades, no queremos dejar de concluir el año natural con una llamada a la esperanza y al optimismo en relación con esta realidad en la que se ha convertido la ciudad inteligente.

2011 ha sido el año del vendaval de la smart city y del progresivo encumbramiento de esta visión de la ciudad conectada (para otros más que visión, constituye verdadero paradigma) como solución global para los problemas urbanos actuales y los requerimientos futuros de nuestras ciudades.

Superado el inicial drama de la ininteligibilidad del propio concepto de smart city, de su acentuada polisemia (algunas publicaciones recientes, de vocación global, no obstante, siguen arrimando el ascua a su sardina a la hora de definir qué sea la ciudad inteligente) y del manoseo continuo del concepto por los falsos pioneros de lo smart, el transcurso de estos 12 meses de reflexiones, proyectos y vivencias compartidas han separado la mena de la ganga del mineral de la ciudad inteligente, al margen del artificio y los juegos florales con los que no pocas veces se ha animado el discurso de la ciudad inteligente. Por esta razón, es más que probable que con el avanzar del año 2012, superado el estado de gracia mediático y el exceso de atención por la smart city podamos ver en España florecer interesantes iniciativas de soluciones inteligentes y exitosas para las ciudades, bajo el paradigma del despliegue de tecnología y la interacción de ciudadanos y dispositivos en la urbe.  

El advenimiento de la ciudad inteligente (como verdadero proceso dinámico y casi místico), auspiciado por la iniciativas de las industria de las Telco y por la necesidad acuciante de respirar vientos de ilusión en un contexto de depresión generalizada en lo económico, ha convertido –casi inconscientemente- a nuestro país en verdadero ágora para la ciudad conectada, situando a España a la cabeza de las iniciativas en torno al paradigma de la smart city  y al menos, como hace unos días apuntaba el escritor Boyd Cohen co-autor de Climate Capitalism (http://www.boydcohen.com ) en un tweet muy acertado, “If Twitter activity is any measure, Spain seems to be rocking #smartcities. Could be major engine of innovation, growth and sustainability”.

 

En este sentido, resulta algo más que paradójico que un país que sale cada día peor parado en los análisis macro (con mayor o menor motivo) se haya convertido de la noche a la mañana en verdadera patria chica del fenómeno smart city, dando lugar a numerosas iniciativas, encuentros, charlas y publicaciones de arte mayor y otras de arte menor (como este blog) que han sustentado una visión de la ciudad inteligente que oscila entre el mesianismo más vocinglero de algunos y la inmovilidad que nace del pragmatismo melancólico de otros, proporcionando, al menos, un refugio para la ilusión a los maltrechos stakeholders nacionales.

Por esta razón, éste es, a mi juicio, el mayor mérito en 2011 de la actual fe en nuestro país en las virtudes de la ciudad inteligente; su capacidad para generar una dinámica de ilusión, compromiso y esperanza allí donde el desánimo y la gravedad lo impregnan casi todo, dando lugar a interesantes y concurridas experiencias (como lo fue la Smart City Expo de Barcelona o el Alicante Smart Cities Meeting http://wp.me/pTXHi-9j) que han logrado mantener la llama de un paradigma/negocio/tendencia que parece llegado para quedarse y en el que merece la pena profundizar, explotando sus potencialidades.

En segundo lugar, si algún mérito ha conseguido el huracán smart ha sido el de devolver la atención y el interés de nuestros pensadores, de los agentes públicos y las empresas proveedoras de servicios al fenómeno complejo y plural de la CIUDAD, como campo para el despliegue la tecnología asociada al fenómeno de la inteligencia urbana. 

Consecuencia de esta renovada atención por la ciudad ha sido la creciente importancia del papel (no siempre reconocido, y en los últimos años, directamente, orillado) del CIUDADANO como verdadero protagonista de la vida y los procesos de la ciudad, y todo ello al margen de la inevitable retórica y el buenismo hueco que han caracterizado algunos discursos públicos y privados, que se han agotado en sí mismos. CIVICENTRISMO/ CITYZENTRISM bautizamos meses atrás en este blog (http://wp.me/pTXHi-9S) a la creciente e indeclinable posición del ciudadano como eje y fundamento de la ciudad inteligente, una ciudad que es, además, un espacio híper-conectado, materializado en el continuo entre capas digitales y territorio y en el que día a día van ganando posición nuevas fórmulas de ejercer y entender la ciudadanía, el compromiso, las obligaciones y la solidaridad (http://wp.me/pTXHi-aG).

Del mismo modo, frente a la tendencia imperante de implantación de un modelo de desarrollo urbanístico similar al denostrado sprawl que impera en otras latitudes y que hizo fortuna en los años vividos peligrosamente al albur del crédito fácil y la borrachera de hormigón y zahorra (difuminando los límites de la ciudad) , el discurso de la ciudad inteligente incorpora, con carácter general, una visión que empieza por mejorar, renovar y actualizar tecnológicamente la ciudad existente, la urbe consolidada en la que se desarrolla la vida y los procesos, como verdadero campo de pruebas para la implantación de dispositivos.

 

Digital City from INSOC on Vimeo.

Esta reflexión no es menor, pues aunque la intuición y la experiencia pudiesen decirnos lo contrario de un país con millones de potenciales promotores inmobiliarios, la visión ibérica de la smart city, los casos de éxito patrios y la incipiente doctrina nacional, no apuestan –de momento- por un consumo de recursos escasos como el territorio, lo que no deja de ser una interesante particularidad discursiva (con origen en muy diversos motivos) frente a los modelos adanistas que impulsan la creación de ciudades de nueva planta, especialmente en las economías emergentes de Oriente Medio y las autocracias asiáticas.

Del igual manera, last but not least, el desarrollo de un discurso transversal en el campo de la ciudad inteligente, y la conciencia del efecto nivelador de la tecnología,  ha impulsado la creación espacios para la el debate y la colaboración entre disciplinas y profesionales de muy diverso rango y procedencia, acabando con la incomunicación gremial que ciertas inercias y situaciones de estatus de exégetas de la ciudad (heredadas del pasado) venían impidiendo, animando un interesante diálogo filo-urbano que reúne a ingenieros, juristas, arquitectos, economistas, antropólogos, responsables públicos y otros ciudadanos incumbidos por el futuro y oportunidades de la ciudad, generando un flujo de intercambio de información y experiencias indispensable para el desarrollo de estas experiencias, así como la creación de equipos multidisciplinares que trabajan por y para implantar soluciones y sistemas reconducibles al modelo de la ciudad inteligente.

No menos importante, a nuestro juicio, ha sido el papel jugado por el concepto de ciudad inteligente como plataforma y soporte unitario para la explicación de determinados conceptos que casi de manera unánime han pasado a integrar el paradigma de la smart city, y que nos han familiarizado con el open data, la innovación abierta, el crowdsourcing, el M2m, la sensorización, el ubiquous computing, los smart grids, la identidad digital y un largo etcétera de neologismos que cobran sentido en el marco espacial y discursivo de la ciudad inteligente, actuando como una suerte de meta-lenguaje estimulante para los iniciados y simpatizantes de lo smart, que hoy son (somos) casi legión.

Las carencias, imperfecciones y vacíos son todavía importantes en el campo de la ciudad inteligente, como lo es la creencia en un inquietante determinismo tecnológico o la voluntad de maquillar incómodas realidades urbanas en el discurso de la euforia desmedida por la smart city, siendo notable, además, (aquí os hablo como abogado) que a la superación de la fase de conformación de estructuras teóricas e intelectuales en torno al paradigma de la ciudad conectada (el país ya está maduro para la teoría aplicada) cabe impulsar iniciativas  para desarrollar un verdadero corpus jurídico que regule de manera ágil y dinámica el fenómeno poliédrico de la ciudad inteligente, con superación de esquemas, estructuras e inercias (de inerte) que vertebran la mentalidad de los muchos Bartlebys que pueblan nuestro entorno. Todo ello es trabajo para el año que empieza.

Por último, y en lo estrictamente personal y profesional, 2011 hasido un año ciertamente estimulante, vertiginoso y productivo. Una temporada (que continúa mañana mismo, claro) cargada de lecturas, titubeos intelectuales, hallazgos, retos y oportunidades de conocer personas y visiones interesantes –también alguna decepción- y que ha servido para asomarnos al mundo sin servidumbres ni complejos, permitiéndonos, además, afianzar la trayectoria de una start-up (www.eolexcitylab.com) que ha sido pionera en este territorio y de la que nos sentimos muy orgullosos y responsables.

Por todo ello, a todos, MUCHAS GRACIAS y FELIZ 2012.