SMART CITY EXPO WORLD CONGRESS DE BARCELONA: DEL MESIANISMO Y LA EUFORIA A LA EXPEDICIÓN DEL PASAPORTE DE LA CIUDAD INTELIGENTE.-

Comparto con vosotros mis reflexiones sobre el Smart City Expo World Congress de Barcelona (http://smartcityexpo.com), al que tuve ocasión de acudir la semana pasada y que está llamado a ser el mayor encuentro sobre ciudades inteligentes -al menos en nuestro país- y una suerte de mix entre el deleite intelectual y un innovador zoco smart, en el que se compra, se cambia y se vende todo aquello que los proveedores –algunos con cierta imaginación- identifican con el epíteto “inteligente”, tan en boga en nuestros días.

Como hemos tenido ocasión de manifestar en anteriores ocasiones, la falta de consenso en torno a la elemental cuestión ontológica sobre qué rasgos deba tener una ciudad para ser inteligente y cuáles sean los caminos para alcanzar este estado de gracia urbana asociado al despliegue del paradigma de la ciudad inteligente, ha marcado la celebración de este interesante evento, en el que, como era de esperar, hemos podido asistir a la presentación de numerosas visiones, proyectos e iniciativas, que han oscilado desde el más solemne plano teórico hasta la más ligera aplicación práctica y realista de los presupuestos de la smart city a territorios y ciudades concretos.

 Hay que felicitar a la organización catalana del evento por el poder de convocatoria, la excelente propuesta de ponentes y experiencias así como por la osadía de desplegar, de manera simultánea a la realización de las ponencias, un display con los tweets que vinculados al topic #SmartCityExpo iban redactando los asistentes, y que en ciertas ocasiones (con algunas excepciones marcadas por la innecesaria falta de respeto a los speakers) ganaron en interés y mordacidad a las ponencias que acompañaban. En Barcelona Smart City Expo, Twitter –como testimonio de una capa digital ciudadana – se convirtió en refugio de agudos francotiradores y dinamizador del debate, sin robar protagonismo a los paneles y exposiciones.

Como actor profesional (uno más) de este vertiginoso mundo de la smart city, con algunas millas recorridas y otras muchas por recorrer, regreso de Barcelona reafirmando mi postura de moderado escepticismo (o de moderado optimismo, según se mire) con la visión holística y hasta mesiánica de las soluciones que algunas corporaciones –tradicionalmente alejadas del fenómeno urbano y la realidad de los procesos de la ciudad -pretenden imponer en dura pugna con sus competidores y sin hacer distinciones de escala y entorno, pues desde la platea resultaba evidente que no es lo mismo dirigirse a una bisoña audiencia nacional, que a una concurrencia internacional con cierta experiencia y recorrido, como no es lo mismo, dicho sea con todo el respeto, buscar la complicidad y el favor del sector público con, digamos, Tarragona (que busca aliados para promocionar su candidatura de los Juegos Mediterráneos de 2017), que con Ámsterdam (cuna del Amsmarterdam y considerada World Smart Capital (http://issuu.com/world-smart-capital/docs/wsc_bid_concept_low)) (ambos municipios estuvieron presentes en Barcelona).  

En este sentido, en Barcelona ha contrastado la brillantez de algunas de las ponencias y proyectos expuestos con la diletancia, las prisas y la vacía retórica smart de otras de las propuestas, impulsadas en no pocos casos por compañías de notable éxito y recorrido empresarial en los más diversos sectores de la economía mundial pero recién aterrizadas en el campo de la ciudad y lo urbano, y necesitadas urgentemente de discurso, método y mensaje que singularice y caracterice sus propuestas frente a las de sus competidores, pues al final, la falta de originalidad y lo intercambiable de los discursos, era evidente tras escuchar al 3º o 4º ponente de las telco.

Esta realidad –no generalizada, afortunadamente- era más palpable y, por tanto,  lamentable, en el caso de las ponencias de los directivos de algunas de las grandes compañías de servicios con vocación de actores totales de la ciudad inteligente, pues metidos a prestidigitadores de lo smart por obra y gracia del marketing de producto, naufragaron en la exposición de sus propuestas, haciendo bueno el refrán que nos recuerda que quien mucho abarca, poco aprieta o aquél otro que recomienda al zapatero seguir con el oficio que conoce.

 

Es innegable que la tecnología si no se reviste de palabras amables y llamadas a la ilusión colectiva puede resultar dura, como no es menos cierto que determinados procesos ocultos y residuales de las ciudades, (como son los vinculados a los servicios de recogida de basuras, depuración de aguas etc) si no se insertan en un onírico marco de excelencias de la ciudad, pueden resultar de escaso interés para la ciudadanía. Dicho esto, de ahí a caer en la euforia mesiánica de determinados paneles y ponencias hay un trecho, que nuestro país –en el que ya contamos por decenas los encuentros, charlas y congresos smart- creo que ya está en disposición de superar.

Por esta razón, y para desesperación del numeroso grupo de congresistas que se preguntaron qué fuera la smart city (casi tantos como los ponentes que iniciaron su exposición con la reflexión en torno al variable tanto por cierto -60-80-  de población viviendo en ciudades en 2050) mi opinión en este sentido no ha variado: no existe un concepto unívoco de ciudad inteligente ni creo que este paradigma de la smart city, forzosamente subjetivo y polisémico, llegue algún día a forjar una definición inamovible y que contente a todos, pues como hemos venido manteniendo, habrá tantos proyectos de ciudades inteligentes como municipios los impulsen, empresas los apoyen y ciudadanos los sostengan y refrenden, sin que la constatación de esta realidad deba tomarse por algo decepcionante.

La elasticidad razonable del concepto de ciudad inteligente –sobre un mínimo (sentido) común denominador- alejada de la euforia contagiosa, se constituye como principal factor de oportunidad para la implantación y despliegue de la tecnología y los servicios mejorados de la ciudad, permitiendo diseñar proyectos que se acomoden a la realidad y el adn de los territorios en los que pretendan implantarse. De nada sirve importar modelos alógenos en nuestras ciudades si antes no definimos nuestra escala de trabajo e identificamos nuestras características e identidad,  pues de lo contrario –y admito el debate – fracasaremos en nuestro intento.

Al margen de estas consideraciones – que considero honestas con un proceso personal de evolución y madurez en el campo de trabajo de la ciudad inteligente- en Barcelona hemos tenido ocasión de coincidir en los espacios comunes (verdaderos third places aptos para el co-working) con administraciones, ciudades, políticos, asistentes de políticos, responsables administrativos, compañías, directivos de compañías, gurús, aprendices de gurús, blogueros, consultores, universidades, creativos, periodistas y algún enfant terrible plenamente consciente de su papel transgresor, en unos días marcados por la interesante convivencia e intercambio de experiencias en un Congreso que parece llamado a convertirse en la cita anual en el campo de las ciudades inteligentes, con una concurridísima presencia de agentes interesados en la implantación del paradigma smart.

Al margen del acuciante discurso de la financiación municipal de los proyectos de ciudades inteligentes, eché de menos una reflexión práctica sobre el modo de incorporar la visión smart a nuestros Planes Generales de Ordenación Urbana y Ordenanzas Municipales de todo tipo, pues los interminables procesos e inflexibilidades que caracterizan la aprobación de estos instrumentos jurídicos hacen vieja cualquier tecnología novedosa que pueda incorporarse a la urbe, haciéndose necesaria una adaptación del marco jurídico de la ciudad inteligente al dinamismo del proceso innovador.

Reseñables han sido las ponencias inaugurales de cada jornada (que nadie se enfade si digo que, tratándose del foro smart por excelencia, quienes le hemos visto en varias ocasiones esperábamos algo más novedoso de la ponencia del brillante Carlo Ratti del Senseable City Lab del MIT- http://senseable.mit.edu) o el heterogéneo panel en el que intervino Adam Greenfield, de Urbanscale (http://urbanscale.org) como contrapunto al discurso de las grandes compañías con las que compartía escenario, así como remarcable fue el acento en los conceptos de Open Data, Innovación Ciudadana, Living Labs, Turismo Sostenible, Smart Urbanism o Energía y Movilidad que cubrieron buena parte de las ponencias del congreso, con 3 espacios dedicados de manera específica a experiencias Smart en España (Smart Spain), al despliegue del paradigma inteligente en el ámbito rural (Smart Rural) o a las reflexiones en torno a las cuestiones ambientales (Smart Green) que han dejado de tener una sustantividad y discurso propios  para ser atraídas sin remedio al centro de gravedad del concepto integral de ciudad inteligente.

Adam Greenfield on networked cities and citizens from Ideas for Change on Vimeo.

No menos interesante ha resultado el espacio dedicado a la Expo, con numerosos stands (algunos, prescindibles y conceptualmente desubicados) e información para el visitante, y que dado su carácter de proximidad al mundo de la producción industrial y el mercado, ha servido de interesante equilibrio al discurso intelectual desarrollado en el Congreso, además de espacio para saludar a amigos, clientes y proveedores.  

Por último, al margen de la gente inteligente (y generosa) que uno siempre encuentra en estos foros, durante estos intensos días en Barcelona hemos podido apreciar la rápida e interesante evolución de algunas propuestas y proyectos asociados al despliegue de dispositivos y recopilación de información en la ciudad conectada (cito, entre otros, el trabajo del CIBBVA  http://www.centrodeinnovacionbbva.com), así como a la proclamación de Barcelona –por méritos e identidad propias- como custodia de las esencias de la ciudad inteligente, asumiendo una posición de liderazgo en este campo de la que va a costar desbancarla en el futuro inmediato, y especialmente si progresa su incipiente proyecto de convertirse en emisora de pasaportes de inteligencia urbana para las ciudades con la creación del Protocolo Smart que solemnemente anunció Vicente Guallart, -Arquitecto del establisment catalán- en su ponencia del miércoles día 30.

El año que viene, si nos dejan, volveremos.

 

Para más info:

http://www.lavanguardia.com/local/barcelona/20111202/54239763224/smart-city-expo-clausura-su-primera-edicion-con-cerca-de-6-200-profesionales.html (Balance del Congreso, enla Vanguardia)

http://www.tarragona.cat/la-ciutat/noticies/tarragona-clou-la-seva-participacio-al-i-congres-smart-city-destacant-la-necessitat-de-vencer-inercies-i-resistencies-per-transformar-tarragona) (TarragonaSmartCity)

http://cibbva.com/documentos/pdfs//2011_12_02_StreetsofBBVA.pdf  (el trabajo del Centro de Innovación de BBVA /CIBBVA, impulsado por Elena Alfaro)

 http://www.publico.es/ciencias/379465/el-aspecto-de-las-ciudades-no-cambiara-mucho (Carlo Ratti, del MIT, en diario Público)