LA EXTENSIÓN DE LA CIUDAD: ‘HOMO SMARTENSIS’ Y CONVERGENCIA TECNOLÓGICA (ITINERANTE) EN EL MEDIO RURAL.-

La ciudad de nuestros días mantiene una  relación de permanente idilio con el mundo agrario, aunque la representación de lo rural caiga, entre los urbanitas, una y otra vez, en una suerte de romanticismo rockwelliano que no siempre obedece a una realidad vigente. ¿Ayuda el despliegue de las TIC a disminuir la percepción del gap tecnológico entre medio rural y medio urbanizado?

La idealización de los valores y formas de lo rural en la ciudad (que ha alcanzado cotas de paroxismo urbanístico de la mano de exitosas doctrinas como el New Urbanism norteamericano y sus banalizados remedos residenciales europeos) vive en nuestros días una época de auge renovado, habiéndose incorporado al discurso arquitectónico (al menos, desde el punto de vista del paisaje) con la ejecución de  cubiertas verdes, jardines en fachada o la creciente recuperación de quioscos en nuestras plazas, junto a los denominados huertos urbanos, que algunos consideran la quintaesencia de la experiencia rural en la ciudad.

En una sociedad urbana cada vez más sofisticada y tecnológica, constreñida por la urgencia de lo inmediato y lo tangible, la interacción del individuo con el medio natural queda difuminada en nuestro día a día, transformándose en una vivencia meta-contextual (que se produce, eventualmente, en parques, jardines o medianas de carreteras de césped artificial) cuando no, en una relación mediata, materializada a través de objetos, utensilios y experiencias (desde las apps de un smart phone a las escapadas rurales, por ejemplo).

El despliegue generalizado de las redes y la banda ancha, y la autoconciencia de  “movilidad” y “conectividad” que parecen intrínsecamente ligadas a la nueva identidad del ‘homo smartensis’ (el neologismo, lamentablemente, es mío) han potenciado, si cabe, entre nosotros, la representación idealizada del mundo rural, que, mejorado sustantivamente por la acción de la tecnología, ha logrado rellenar el gap entre las carencias e ignorancias que caracterizaron al espacio agrario y las luces y destellos de la ciudad conectada, empujando a muchos ciudadanos a la vivencia de un intenso abandono rural del fin de semana.

Esta exótica y retocada llamada de lo rural, que es casi un mito de la post-modernidad, es la misma que impulsó –con tipos de interés extraordinariamente bajos y dosis de romanticismo desmedido, en muchos de los casos- la llegada masiva de parejas de británicos a residir en Andalucía y el Levante español seducidos por libros-gancho como el inefable “Chickens, Mules and Two Old Fools” en el que la ufana Victoria Twead “writes a fantastically funny tale of five years living as reluctant chicken farmers in a small village in Almería in Southern Spain. “Chickens, Mules and Two Old Foolsis an hilarious rib-splitting read from beginning to end. Approaching retirement, Vicky and her husband, Joe, one day decide to pack up their bags and leave their comfortable Sussex, England home and settle in the village El Hoya, Spain. It is not long before they come to learn village life is full of surprises and mishaps, with hilarious culture clashes at every turn. When Vicky and Joe unintentionally find themselves chicken farmers, Vicky says, “Oh, please! Our Spanish neighbours already thought we were insane, sitting on the yellow sofa gazing at our flock, letting them hop onto our laps, talking to them.” (extraído de la sinopsis del libro).

Idénticos relatos podemos encontrar en el enternecedor “Driving over Lemons”,de Chris Stewart o en “Bitten by Spain” de Deborah Fletcher todos ellos crecidos a la sombra de los tópicos acuñados años atrás por Gerald Brennan en su obra al “Al Sur de Granada” (South from Granada. London: Hamish Hamilton, 1957/Al sur de Granada. Madrid: Siglo Veintiuno, 1974), y que ahora, por arte de ensalmo tecnológico, podrían dejar de tener sentido ejemplarizante, pues (tecnológicamente, y al margen de cuestiones de orden antropológico), el despliegue de las TIC puede provocar que haya pocas diferencias entre la Alpujarra granadina o el poniente almeriense y la deslumbrante vida en la ciudad postmoderna, o al menos, entre lo que el nuevo homo smartensis espera de la conectividad y la movilidad.

No es nuestra intención ridiculizar esta actitud de regreso al campo ni tampoco la de encomiarla. Tan sólo pretendemos apuntar la idea de que la enorme fascinación que lo rural sigue produciendo entre la ciudadanía que puebla el mundo urbanizado, antaño ligada a cuestiones de carácter esencial y de autenticidad perdida, está dando lugar, por la omnímoda presencia de una tecnología itinerante, a una nueva relación del turista/usuario con el medio natural que, casi sin notarlo, vive el fenómeno rural como una prolongación experiencial de lo urbano, pues buena parte de las impresiones que esperamos percibir en el  medio agrícola (y que nos apresuramos a transmitir a nuestra red de contactos vía Twitter, Foursquare, etc) son entendidas como experiencias gratificantes para nosotros en la medida en que no nos alejan definitivamente del stream de conectividad y movilidad a las que ya no queremos (ni podemos) renunciar, acercando funcionalmente al campo y a la ciudad desde el punto de vista de la tecnología. Esta realidad, además de generar cierta inquietud por las nuevas servidumbres tecnológicas que nos estamos imponiendo, puede tener su reflejo en la ocupación del territorio y en la extensión/regresión del espacio urbanizado.

En este sentido, no se trata, pues, de valorar la realidad de una extensión progresiva del fenómeno suburbano al territorio tradicionalmente dominado por las formas y usos agrarios (característico del urban sprawl), o de la existencia de un sistema urbano/rural en diálogo permanente, sino de entender cómo, por encima de cuestiones de ubicación espacial, el espacio rural y la ciudad pueden resultar un continuum  para el homo smartensis, pues, por reducción al absurdo tecnológico, la disponibilidad de redes y el óptimo funcionamiento de sistemas y aplicaciones asociados a dispositivos individuales (como los smart phones) pueden acabar por desmontar el mito de la escapada al ámbito rural, que, al menos funcionalmente, se convierte en una extensión de la ciudad híper-conectada.

La cuestión radicará, pues, en la efectividad de la extensión de redes y dispositivos en el entorno rural y su convergencia con los que están disponibles para el urbanita en la ciudad, acortando las distancias entre ambos.

Esta realidad descrita de convergencia tecnológica itinerante desde la ciudad al campo es fácilmente identificable en los feedback que describen la experiencia del visitante/usuario ocasional del medio rural en páginas como tripadvisor.com, toprural.com etc.

El ejercicio ¿desconcertante? de lectura de estos comentarios de usuarios de casas rurales, restaurantes, ríos, trochas o simas meseteñas que han sido escritos en ‘tiempo real’ o al regresar a casa (y que convierte a estos turistas en nostálgicos prosumers los lunes por la mañana) nos da la medida de esta nueva realidad. Así, entre los muchos comentarios que ensalzan las virtudes de paladear una tortilla hecha con huevos de gallina crecida en libertad (nadie le preguntó al ave de corral qué sintió al romper las cadenas), recoger tomates de la rama o las que elevan al plano de la mística el intercambio de conversaciones banales con el propietario del establecimiento rural (que en muchas ocasiones no es más que otro urbanita interpretando un papel interesadamente ruralizado al que se suele citar, por cierto, por su nombre de pila) ha ido colándose un creciente número de valoraciones de otros usuarios (que son ya legión) que denuestan o ensalzan el hecho de que la casa, el establo o el embarcadero dispusiesen o no de wifi o cobertura de telefonía, puntuando negativamente a los establecimientos que descuidan estos particulares y que además, (cómo entenderlo) no disponen de enlace a Linkedin, Facebook o del.icio.us.

No obstante esta tendencia vivida de acercamiento tecnológico entre medio urbanizado y medio rural, siquiera con carácter itinerante, los datos reales nos indican que España se aleja de los países europeos con mayor desarrollo tecnológico en materia de TIC. Según indica la prensa de hoy, el informe eEspaña 2011, elaborado por la Fundación Orange y que analiza el desarrollo de la sociedad de la información, demuestra que nuestro país ha perdido dos puestos respecto al año anterior en el ‘ranking’ europeo, y vuelve a caer por debajo de la media europea en el desarrollo de esta sociedad de la información, incrementándose la distancia respecto al país líder de esta clasificación, que es Suecia.

A pesar de esta realidad, y de modo compatible con la tesis defendida en este post (que peca, lo reconozco, de cierto sesgo hacia la unidimensionalidad del ‘homo smartensis’ como característica principal de su sustancia) junto a Luxemburgo y Suecia, nuestro país es líder en el porcentaje de usuarios que acceden ala Red a través del dispositivo móvil. En este orden de cosas, el tráfico de datos es ya el segundo servicio que más ingresos reporta a la telefonía móvil en España, desplazando a la mensajería corta (sms), cuyo uso ha caído casi 15 puntos porcentuales en 2010.

Además, el 2010 ha supuesto un estancamiento español en el hipersector TIC (sic) además de una interrupción en el proceso de convergencia tecnológica con Europa. El recorte en la financiación pública para proyectos de la Sociedad de la Información (una reducción para el 2011 de más del 20%, de 14.00 millones de euros hasta los 1.100 millones de euros), ha provocado este marasmo en la trayectoria española, que ha pasado del 15º lugar en 2010 al 17º actual, superada por Malta y Austria.

El informe eEspaña muestra su preocupación acerca del desarrollo de las redes de nueva generación en territorio español. Países como Alemania, Lituania o Reino Unido esperan haber desplegado en 2015 la totalidad de la red de banda ancha, mientras que en España el retraso en este sentido en evidente. España tiene al menos un retraso de dos años y, según estimaciones de la CMT realizadas en 2009, en 2024 sólo estaría cubierto el 64% del territorio nacional, lo que pone de manifiesto un desequilibrio tecnológico territorial consolidado por el corpus legal vigente en nuestro país. La distancia en este sentido es evidente, y lo demuestra el hecho de que, por ejemplo, Finlandia (patria chica de Nokia) exija por ley que la velocidad mínima de conexión de descarga de datos sea de 100 Mb/s en 2015, mientras en España, la reciente Ley de Economía Sostenible sólo garantiza un acceso universal a 1 Mb/s..

En todo caso, el extenso informe, desagregado por Comunidades Autónomas, revela una serie de datos interesantes:

El año 2010 ha ayudado a retomar la senda de convergencia autonómica anterior a la crisis financiera. La diferencia entre la región líder, que sigue siendo Madrid, y la región menos convergente, Extremadura, se ha reducido en cuatro puntos en un año. En este sentido, el dato nos revela que, allí donde existe una mayor presencia de un entorno rural, como en Extremadura, la convergencia disminuye, no obstante lo cual, la itinerancia en el acceso a las redes desde esta Comunidad Autónoma no parece reflejarse en el informe, falseando algo sus conclusiones. 

El caso de Cantabria es significativo, pues cae del séptimo al penúltimo puesto en el ranking. Aunque parte de este retroceso pueda explicarse por la nueva composición del indicador de medición (agregado de datos desde el despliegue y uso de la administración electrónica, hasta el acceso por hogar a internet), buena parte de este retroceso se debe, según indica el redactor del informe -a la reducción en el uso de la Administración Electrónica por parte de ciudadanos y empresas, así como, sobre todo, por la caída en los niveles de sofisticación de las empresas cántabras (sic). En este punto no debemos olvidar que Cantabria impulsa proyectos de implantación de smart cities, de cierta sosfisticacion, como el denominado Smart Santander, y que a decir de los datos contenidos en el informe, no generan un impacto perceptible en la ubicación de esta Comunidad Autónoma (con fuerte peso del espacio rural) en el ranking de despliegue tecnológico. Navarra también experimenta un fuerte retroceso, principalmente debido al menor uso dela Administración Electrónica por parte de empresas y ciudadanos, y al menor uso de Internet por parte de sus habitantes, y a la escasa puntuación obtenida en las variables relacionadas con comercio electrónico.

Tres regiones que tradicionalmente se encontraban en la parte inferior del ranking, como son Murcia, Andalucía y Extremadura, registran los mayores avances de este año, lo que, como siempre, viene a romper tópicos y tal vez ayude a recuperar el tráfico de british expats que las escogen como lugar de residencia, para después contarlo en tiernos relatos que adquirir en Amazon. No pongo la mano en el fuego.

Para ulterior información:

 http://www.youtube.com/watch?v=tiL24GF3q_s (Norman Rockwell’s BIO)

http://www.brookings.edu/speeches/2011/0714_census_suburbs_berube.aspx (Informe Brookings sobre The State of Metropolitan America: Suburbs and the 2010 Census (eng)).

 http://www.informeeespana.es/docs/eE2011.pdf (El Informe eEspaña, en formato pdf)

 http://www.smartsantander.eu/?template=retro (el proyecto Smart Santander)