SENTIENT CITY: LA CIUDAD SENSIBLE. VISIONES DEL FUTURO DE LA HIBRIDACIÓN URBANA. UNA RESEÑA (PARCIAL) DEL VOLUMEN ‘SENTIENT CITY: UBIQUITOUS COMPUTING, ARCHITECTURE, AND THE FUTURE OF URBAN SPACE’.-

 

 

Tras algunos días de ausencia (ya tendremos ocasión de contar los proyectos en los que andamos envueltos) volvemos a la carga con la primera reseña de varias (tarea que nos ocupará varios posts) sobre la edición en inglés del libro SENTIENT CITY: UBIQUITOUS COMPUTING, ARCHITECTURE, AND THE FUTURE OF URBAN SPACE, Ed. MIT Press, 2011. (231 pp. PB, US $24.95), co-publicado por el MIT Press y The Architectural League of New York, como ampliación de la interesante exposición organizada en otoño de 2009 por Mark Sephard y la Architectural League en Nueva York (no hay edición en español hasta la fecha del libro).

La publicación, impulsada por el prestigioso Massachusetts Institute of Technology, (Senseable City Lab, por cuyo trabajo en este campo reconozco cierta debilidad) se comercializa en una versión “inteligente” cuyas tapas (como véis más abajo) son termo-sensibles y cambian de color al coger el libro con la mano o exponerlo a la luz solar, generando una cierta predisposición e interés en el lector para abordar su contenido (al margen de frivolidades).

En sí, SENTIENT CITY: UBIQUITOUS COMPUTING, ARCHITECTURE, AND THE FUTURE OF URBAN SPACE constituye un verdadero compendio de diversas visiones y programas sobre el futuro de la ciudad, planteadas por distintos pensadores y creadores, que impactan por su presentación y los resultados de sus investigaciones, promoviendo una interesante reflexión en torno a cómo el ubiquitous computing está transformando el diseño y el uso de las edificios, los equipamientos y las propias ciudades, una vez que la informática, sus aplicaciones y la tecnología digital han rebasado los tradicionales confines del hogar y el puesto de trabajo para dispersarse por el entorno ciudadano, ocupándolo de una manera ubicua y omnipresente.

Nuestras ciudades son inteligentes y se están volviendo también sensibles a medida que los dispositivos con capacidad para el procesamiento de la información ciudadana se encastran en el entorno urbano. Esta extensión de las redes y servicios asociados a la tecnología en el espacio ciudadano ha formado parte durante décadas de las más diversas predicciones sobre el advenimiento de la smart city, y que en nuestros días, merced al coste decreciente de los dispositivos y la mayor potencia del software asociado a cada uno de ellos, corren el riesgo de hacerse realidad, en un entorno marcado por una indiscutible visión posibilista (doctrinal y empresarial) sobre las ventajas de la generación de espacios inteligentes en nuestras ciudades, aptos para residir, trabajar y descansar. No en vano, Mark Sephard, su editor, manifiesta acerca de este volumen, que es “less concerned with projecting near-future urban conditions than providing concrete examples in the present around which to organize a public debate on just what kind of future we might want” (pp. 14).

En todo caso, la CIUDAD SENSIBLE (o sensitiva) que nos propone esta edición, se conforma por la acción de diversos proyectos y experiencias piloto, cuyas reflexiones y resultados confirman la realidad operativa de muchas de las aplicaciones que tradicionalmente han caracterizado el concepto de ciudad inteligente así como el impacto que dichas aplicaciones generan sobre el comportamiento de los ciudadanos de la ciudad sensible marcada por la computación ubicua. Dotada con la capacidad de recordar, anticiparse y relacionar, esta sentient city es descrita por los autores como capaz de controlar su propio entorno y nuestro comportamiento ciudadano en él, convirtiéndose en un agente activo en la definición de la forma del espacio público urbano y en la organización del día a día de su aprovechamiento por los habitantes y commuters.

El discurso que subyace a toda la publicación coincide con la reflexión que ya hemos avanzado en algún post anterior en torno al permanente desafío que, para el rol tradicionalmente asumido por los arquitectos y urbanistas, supone la extensión ubicua de tecnologías y dispositivos con capacidad de transformar físicamente el espacio ciudadano, cuya forma y sustancia se definen por la inserción de estos mecanismos en el corazón mismo de la ciudad, que será diseñada en el futuro obedeciendo a criterios que sólo parcialmente guardarán relación con la actividad directora del profesional del urbanismo y la ordenación del territorio. Sólo esta reflexión –cuya veracidad es contrastable en los múltiples proyectos que cobran forma en nuestros días- da para horas de encendido debate sobre el que lamentablemente no podemos detenernos ahora.

Volvamos, pues, al argumento de SENTIENT CITY: UBIQUITOUS COMPUTING, ARCHITECTURE, AND THE FUTURE OF URBAN SPACE. El volumen consta de 2 partes diferenciadas, conteniendo una serie de Ensayos firmados por algunas de las agudas plumas que pueblan el firmamento de la doctrina sobre las ciudades inteligentes (entre los que encontramos a Saskia Sassen o a Martijn de Waal) y un apartado de CASE STUDIES, sobre el que vamos a detener nuestra mirada en este post y que constituyen ejemplos prácticos de aplicaciones testeadas en el ámbito de la ciudad sensible y que pudieron ser visitadas por el público en la exposición que precedió a la edición de este volumen.

De manera específica, entre los CASE STUDIES, llama en primer lugar la atención el proyecto URBAN DIGESTIVE SYSTEMS (TRASH TRACK), impulsado por el SENSEable City Lab del MIT,  que intenta responder, de la mano de la tecnología, a la elemental pregunta sobre dónde va nuestra basura desde que desaparece de nuestra vista en un contenedor, generando una serie de interesantes reflexiones entre los ciudadanos/voluntarios participantes en el proyecto en torno a la gestión de los residuos generados en la gran ciudad. Del mismo modo, la atención sobre los sistemas digestivos urbanos (es recurrente la tendencia a la antropomorfización en cualquier reflexión sobre la smart city) pone de manifiesto el apasionante viaje por tierra, mar y aire de los residuos generados en la ciudad en la miríada de contenedores, plantas de transferencia, de reciclaje y estaciones de re-procesamiento de materiales que componen la cadena de transporte y valorización de la basura.

Con la iniciativa de etiquetar con un sensor-localizador una serie de residuos/testigo, (3000 objetos que fueron recogidos entre los voluntarios en Seattle) los promotores del estudio pudieron registrar el apasionante viaje de un toner de impresora, de una zapatilla usada, de las baterías de un teléfono móvil o de un tubo fluorescente de cocina, revelando las enormes distancias recorridas por estos sub-productos dentro de los EEUU, que fueron registradas por el equipo investigador hasta que los sensores dejaron de emitir su señal, probablemente engullidos por las fauces de una trituradora industrial.

Tras la presentación de los resultados del proyecto URBAN DIGESTIVE SYSTEMS (TRASH TRACK) (sorprendentes, como habéis podido comprobar en el vídeo) los voluntarios participantes en el proyecto tomaron conciencia sobre la cantidad de procesos que se generan a partir de un acto ciudadano universal y mecánico como es depositar la basura en un contenedor o en una papelera, llegándose a replantear en buena parte de los casos, su actitud previa en relación con la generación de residuos, generalizándose una suerte de actitud responsable ciudadana materializada en la conexión entre la basura generada por un individuo y el lugar al que ésta va, que impulsa una reflexión en torno al diseño y localización de las instalaciones de tratamiento de residuos en nuestras ciudades (así como de su número creciente, directamente proporcional al del incremento de las toneladas de residuos) y aun, de la generalización de nuevos sistemas de recogida urbana de basuras (como los sistemas neumáticos) en nuestras ciudades, con evidente impacto sobre la morfología de la ciudad y el comportamiento de sus ciudadanos.

No menos interesante resulta otro Case Studio de los contenidos en el volumen objeto de análisis denominado TOO SMART CITY  PROJECT” (AN INTENTIONAL FAILURE FOR THE NEAR FUTURE) en el que David Jimison y JooYoun Paek proponen una reflexión en torno a la relación existente entre espacios públicos urbanos y progreso tecnológico, de la mano de la instalación de mobiliario urbano ¿inteligente? que incorpora una serie de sensores que lo hacen reaccionar ante el comportamiento del ciudadano-usuario.

En todo caso, la respuesta de los dispositivos (una señal informativa que reacciona ante un viandante, una papelera que expulsa el residuo apenas depositado en su interior o un banco que desaloja al usuario que lo usa más tiempo del establecido) se asemeja más a un fallo (intencional) que a un funcionamiento correcto del mismo, planteando, cómo, a través de este error, el mobiliario urbano trasciende su función utilitaria y se convierte en un (incómodo) actor en la ciudad inteligente del futuro, desmontando irónicamente el estado de perfección de cosas que se nos anticipa en una ciudad que siente y piensa como un ser humano.

Finalmente, y como colofón a esta primera reflexión sobre el completo volumen SENTIENT CITY: UBIQUITOUS COMPUTING, ARCHITECTURE, AND THE FUTURE OF URBAN SPACE que ahora analizamos, detendremos nuestra mirada sobre otro de los Case Studies que se nos propone por los autores, y que desafía el tradicional concepto del trabajo en espacios (oficinas) diseñados ad hoc, proponiendo una escapada “profesional” a los denominados third spaces.

Bajo la pregunta “why do we work in office buildings?” los autores del ensayo “SITUATING KNOWLEDGE WORK IN CONTEMPORARY PUBLIC SPACES: BREAKOUT! ESCAPE FROM THE OFFICE” acometen un interesante análisis del cambio que se está produciendo en los hábitos de trabajo en la ciudad y del creciente aprovechamiento de los espacios comunes urbanos para el desarrollo de tareas laborales en las que fórmulas como el co-working o el face-to-face collaborative working, la innovación abierta y el establecimiento de knowledge workgroups en los denominados terceros espacios (cafes, restaurants etc)  generan valor añadido y fomentan la innovación en entornos urbanos cada vez más conectados e inteligentes. En este sentido, a decir de los autores “new kinds of organizations, and a growing emphasis on cross-organizational and interdisciplinary collaboration is creating a demand for ad hoc face-to-face collaborative work in creative settings” (pp.129).

Convencidos de que la forma, la función y la identidad de las ciudades vienen definidas, en buena medida, por el trabajo que desarrollamos en ellas (realidad más acusada en los distritos de negocios o financieros), los autores reivindican el regreso a los espacios públicos de las tareas laborales (que fueron recluidas en high-rise office towers durante el siglo XX, rompiendo la tendencia que dominó nuestra sociedad durante 5.000 años). Así las cosas, estudios desarrollados por la firma de consultoría DEGW, revelan que, incluso durante las horas laborables, las oficinas modernas son ocupadas únicamente un 30-40% del tiempo, siendo notable, además, que tal y como han probado estudios de CISCO e IBM, la tendencia hacia el incremento de mobile workforces en la empresa ha reducido las necesidades de espacio (digno) por trabajador por debajo de la media necesaria hace 15 años. En este sentido, y en consonancia con las enseñanzas del proyecto “SITUATING KNOWLEDGE WORK IN CONTEMPORARY PUBLIC SPACES: BREAKOUT! ESCAPE FROM THE OFFICE se impone en las organizaciones empresariales la itinerancia y la colaboración horizontal más que la vertical, con una tendencia creciente al aprovechamiento comunal del espacio disponible, como ejemplifica, además, en el supuesto de nuestro entorno más cercano, las nuevas sedes corporativas de empresas como Telefónica (Distrito C) o BBVA en Madrid.

Como traslación de estas reflexiones al ámbito de la ciudad del futuro, y a las relaciones de los trabajadores con el ámbito del espacio común ciudadano, proponen los autores la provocadora tesis de que el “typical corporate office environment is a study in creativity-killing design” (…). In contrast, the most attractive locations for mobile work –coffee shops, public plazas and parks, lobbies and restaurants- all offer dynamica venues for serendipitous visual stimulation and social interaction” (pp. 130).

En este sentido, –y lo que es más relevante para la ordenación del territorio y los espacios de la edificación- “public space would de-territorialize the workplace and make collaborations more open and equal than inside offices of one of the collaborating organizations (…). The shifs towards high mobility, and the increased need for collaboration between workers and organizations, creates an opportunity for public spaces and third spaces to become a part of the design solution for future workspace” (pp. 131).

La liberación del individuo (que es normalmente un freelancer) del espacio físico de la oficina y la reivindicación del aprovechamiento colectivo y laboral de la plaza pública en la que, disponiendo de las herramientas de conectividad (ubicomp), puede entrar en fructífero contacto con otros freelancers que desarrollan su trabajo all’aperto, se convierte en la idea fuerza de los autores, que proponen interesantes reflexiones sobre un necesario cambio de paradigma en el diseño de los workplaces en la ciudad del futuro, bajo el lema de que “the city is the office”. Lo hacen de la mano de una serie de ejemplos aplicados a la ciudad de Nueva York, y que se concretan en la definición de nuevas infraestructuras como The Cube (cubos desmontables de 8 x 8 que convierten una plaza en un completo set modular de trabajo), los Circles and Squares, que consisten en un set de mobiliario flexible que crean un “café-like experience” a la vez que proporcionan sombra superficie y asiento, así como otro artefacto denominado “Cobrella”, que se integra con el mobiliario urbano pre-existente, reconfigurando el espacio público y ofreciendo sombra y pantalla para proyecciones cuando ésta fuese necesaria.

En todo caso, y al margen de hallazgos más o menos originales, la reflexión sobre el nuevo aprovechamiento común del espacio ciudadano, el abandono –temporal, a mi entender- del puesto de trabajo ordinario y la generalización de actividades relacionales aprovechando la tecnología que nos ofrece el espacio ciudadano (wifi, sensores, grids, etc) resulta interesante y es explicada con profusión de detalles en este capítulo del volumen SENTIENT CITY.

En esa línea se mueve el reciente anuncio del Instituto de Arquitectura Avanzada de Cataluña (www.iaac.net) y HP de convocatoria del 4º Concurso de Arquitectura Avanzada (advancedarchitecturecontest.org), sobre el tema de las Ciudades-Sensibles: dar forma a nuestro entorno con datos en tiempo real. El objetivo del concurso es promover el debate y la investigación, para generar ideas y visiones, ideas y propuestas que ayuden a prever la ciudad y el hábitat del siglo 21.

La ciudad sensible ha llegado para quedarse. El reto, ahora, es que la carrera por humanizarla y atribuirle facultades de la especie que la habita (inteligencia, sensibilidad, predicción) no acabe por deshumanizar al individuo. Es cuestión de inteligencia.

city brands via @mriorda

(Continuará…)

Para ulteriores lecturas:

http://archleague.org/2011/02/talking-books-sentient-city/ (breve presentación del volumen a cargo de la Arch. League de NY).

http://survival.sentientcity.net/ (kit para la supervivencia en ciudades sensibles)

 http://www.situatedtechnologies.net/?q=node/105 (the relationship between labor and technology in urban space where communication, attention, and physical movement generate financial value for a small number of private stakeholders)