A VUELTAS CON LA GENTRIFICACIÓN DE NUESTRAS CIUDADES: “GERMAN GENTRIFICATION. LAMENTING THE SMARTENING-UP OF THE OLD FREEWHEELING BERLIN” (The Economist – 10.02.2011)

La edición on-line del diario The Economist, fechada el 10 de febrero de 2011, bajo el sugerente título de “German gentrification. Lamenting the smartening-up of the old freewheeling Berlin” analiza en clave periodística, el fenómeno de la  elitización/gentrificación experimentado por la capital alemana, de la mano del relato de los últimos días de existencia de una comuna utópica situada en el antiguo Berlín oriental.

El artículo reseñado nos devuelve un reflejo algo romántico de la paradigmática resistencia de unos cuantos squatters berlineses frente a los empujes del nuevo propietario del inmueble comunitario y su intención de hacer de su hogar ocupado del número 14 de la Liebigstrasse la sede de un bloque de nuevos apartamentos de alquiler para moradores dispuestos a pagar rentas más altas que las actuales (de hecho, alguna renta), dando testimonio de un fenómeno que se ha repetido en la capital alemana desde la caída del Muro y al que tampoco han sido ajenas nuestras ciudades, especialmente las más populosas.

Sin lugar a dudas, si una ciudad en Europa Occidental ha sufrido los forzosos procesos de urbanización y reocupación tras las sacudidas de la historia del siglo XX ésta ha sido Berlín, moldeada a fuerza de los obsequios que desde el cielo le enviaba el Bomber Commander aliado y merced a la integración de las 2 Alemanias tras los sobresalientes sucesos de 1989.

El Este de la ciudad, especialmente en torno al barrio de Kreuzberg y Prenzlauer Berg, sufrió una despoblación que lo vació del 90 % de sus habitantes, que se desplazaron al oeste en busca de trabajo, servicios y mayor calidad de vida. Por este motivo, el Ost Berlín fue un campo de tensión permanente para la silente batalla librada entre los buscadores de oportunidades inmobiliarias (fundamentalmente jóvenes profesionales occidentales, que han sido caracterizados como yuppies, y que buscaban entre los vetustos inmuebles abandonados los metros cuadrados que les faltaban en el oeste) frente a quienes atraídos por un colapso de la autoridad policial, hicieron del “poor but sexy”, su lema, ocupando los edificios y pugnando por conservar algo del (recreado) espíritu rebelde de la capital de la antigua DDR.

La batalla hace tiempo que fue perdida por los nostálgicos de un pasado que muchas veces no fue, aunque no han faltado experiencias viables de alojamiento alternativo duraderas en el tiempo como la protagonizada por el Taheles berlinés, penúltima víctima del proceso de saneamiento urbano del este de la ciudad.

 

 De manera más cercana y algo tabernaria, el heteróclito Moncho Alpuente, en una hoy envejecida crónica aparecida en el Diario El País el 4 de junio de 2008, analizaba el fenómeno de la gentrificación en Madrid, añorando los desaparecidos clubes de alterne de la calle de la Ballesta, practicando una singular defensa de un pasado de jarana y noctambulismo venéreo frente a la amenaza del saneamiento del barrio de las manos de una empresa que fue adquiriendo los locales antaño dedicados a la prostitución para ofrecerlos al mercado, todo ello con el indisimulado reclamo de repetir las exitosas experiencias del Borne barcelonés o el Soho neoyorquino,  si bien el proyecto –enmarcado bajo el ostentoso acrónimo de Triball (triángulo de la Ballesta)-, duerme en nuestros días el sueño de los justos de la crisis inmobiliaria.

En todo caso, tanto los detractores del aburguesamiento de la ciudad como los enemigos de la denominada banalización de la forma urbana (vid. infra nuestro post al respecto) han encontrado en no pocas ocasiones en estos conceptos el arma arrojadiza para la crítica abierta al desarrollo de nuestras ciudades, incorporando a su reflexiones el relato de la presunta abolición de un pasado inédito de la ciudad y el del cercenamiento de un brillante futuro que nunca será, sucumbidos ambos bajo el empuje de la gentrificación de la urbe.

No en vano, uno de los conceptos más queridos por los intérpretes de la forma urbana y la ciudad desde que fuese acuñado en los años 60 (Ruth Glass (1964), es, sin duda, el de gentrification. Este neologismo, –que de manera no unívoca ha sido traducido al español como aburguesamiento o elitización-  procede del vocablo “gentry” y describe el proceso dinámico de saneamiento de los barrios degradados de las ciudades unido al despoblamiento de sus antiguos moradores, que son sustituidos por personas acaudaladas que encuentran en estos espacios un lugar para la colonización.

La raíz del concepto tiene una base económica y en algunos casos incide en el aspecto racial. La gentrificación tiene lugar en áreas urbanas en las que una desinversión previa en infraestructuras ha generado vecindarios cuya renovación puede resultar muy lucrativa. Inicialmente, la gentrificación afectaba a barrios obreros en declive, cercanos a los centros urbanos, que las clases media y media-alta colonizaban o recolonizaban provocando el desplazamiento y la expulsión de los antiguos residentes. El mecanismo central de la gentrificación es la “diferencia de renta”: cuando los barrios sufren desinversión, baja la renta del suelo que puede obtenerse en esa zona, y desciende, pues, los precios de compra y alquiler de inmuebles. A medida que continúa la desinversión, el abismo que separa la renta del suelo en esta zona de la renta del suelo que podría obtenerse en caso de remodelación, crece hasta el punto de que la reinversión comienza a ser rentable. Aunque esta diferencia de renta puede aparecer como fruto de la pura actuación del mercado (como sucede especialmente en Estados Unidos), las políticas públicas suelen resultar fundamentales, en la medida en que promueven o desalientan la desinversión y reinversión.

Hay autores como Neil Smith, autor del libro The New Urban Frontier: Gentrification and the revanchist city (Routledge, 1996)) y profesor en la City University of New York que mantienen que, al menos desde la década de los setenta, la gentrificación ha dejado de ser un proceso fragmentario y más o menos marginal dentro del mercado de vivienda para convertirse en una política sistemática y deliberada del desarrollo urbano a gran escala.

Para Smith, la gentrificación se ha desarrollado como estrategia global de construcción urbana que abarca no sólo el mercado residencial sino también los sectores de ocio, comercio, empleo y economía cultural. También se ha extendido geográficamente por todo el mundo, desplazando a cientos de miles de residentes pobres o de la clase trabajadora. En tanto que estrategia urbana generalizada, mantiene Smith que la gentrificación vincula los intereses de gestores urbanos, promotores y propietarios, e incorpora también a los empresarios y a las instituciones culturales y educativas que necesitan una fuerza de trabajo profesional. Es también el resultado paradójico, aunque natural, de las demandas medioambientalistas de una ciudad más densa.

Ahora bien, a decir de este autor, estas estrategias a gran escala se engranan con iniciativas de carácter mucho más local. Los gestores de las ciudades de todo el mundo parecen haberse enamorado de la idea de la “ciudad creativa”, e intentan atraer y retener a sus lugares a la que Richard Florida (autor del oportuno The Rise of the Creative Class; Basic Books; 2004) definió como “clase creativa” –artistas, intelectuales, gente del espectáculo, diseñadores, etc.– a los vecindarios en proceso de gentrificación.

Probablemente la primera vez que se puso en marcha esta estrategia fue en el Lower East Side neoyorquino, donde a principios de los ochenta los propietarios que no eran capaces de alquilar sus locales comerciales los ofrecieron por un alquiler bajo a artistas, con un contrato de cinco años. Transcurrido ese tiempo, al no existir ningún control sobre los alquileres ni sobre el uso de los locales comerciales, y con el vecindario en pleno y veloz proceso de gentrificación, los propietarios comenzaron a exigir subidas de alquileres de un 400%, un 600% y hasta un 1.000% para renovar los contratos. Los artistas ya habían cumplido su labor como avanzadilla de la gentrificación y fueron ellos mismos desplazados.

Desde luego, la definición de gentrification no escapa a las consideraciones ideológicas (especialmente de sus  detractores) siendo indudable que el concepto ha sido utilizado peyorativamente por los defensores del conflicto de clases que hunde sus raíces en las teorías marxistas. No obstante el manoseo del vocablo, lo cierto es que su conceptualización ha servido para llamar la atención sobre un fenómeno silencioso que viene produciéndose en nuestras ciudades, si bien es notorio que sus relatores han atenido más a las consecuencias que a las causas de la elitización de los entornos urbanos.

En todo caso, y como en casi todo –llamadlo relativismo- la virtud está en el término medio del proceso, pues guste o no el mapa conformado por los nuevos moradores, no cabe duda de que la gentrificación sanea los barrios degradados en los que emergen nuevos lotes de viviendas rehabilitadas y comercios gentrificados, que pasan a ser ocupados por nuevos habitantes, atraídos por la esencia de una forma urbana recreada a golpe de reforma, suponiendo un contrapunto al extendido fenómeno de la despoblación de los centros urbanos de nuestras ciudades y a la extensión del suburbio residencial devorador del territorio, motivo por el cual los maximalismos en esta cuestión –en uno u otro sentido- deben dejar paso a una reflexión serena que se traduzca en una redacción de los Planes Generales de Ordenación Urbana que descansen en un proyecto de ciudad compatible con la ciudad en proyecto. 

Para ulteriores lecturas:

 http://www.ladinamo.org/ldnm/articulo.php?numero=29&id=737 (Entrevista con Neil Smith)

 http://www.urbanology.org/BedStuy/ (exhaustivo relato del proceso de elitización del barrio Bedford-Stuyvesant (Bed-Stuy) en Nueva York) 

http://www.elpais.com/articulo/madrid/Gentrificacion/elpepuespmad/20080604elpmad_9/Tes (Triball madrileño)

 http://www.elpais.com/articulo/madrid/Pelotazo/moda/calles/Ballesta/Luna/elpepuespmad/20080128elpmad_4/Tes (Triball madrileño)