CHARTER CITY: UN HONG KONG DE NUEVA PLANTA EN HONDURAS.- LA CIUDAD MODELO DE PAUL ROMER.-

 ¿Quién dijo que la época de las utopías (re-visited) había muerto? ¿Es la concesión de derechos absolutos sobre el territorio la solución para los males estructurales de algunas economías en los países en vías de desarrollo?

Desde hace unas semanas, los diarios y noticieros centroamericanos andan a vueltas con la presentación de un proyecto de creación de una instant city en Honduras impulsada por la inquieta mente del prestigioso economista norteamericano Paul Romer.

Si Brasilia fue la primera ciudad instantánea que vio la luz en el Brasil de los años 50 del pasado siglo, de la mano de la visión mancomunada de Lucio Costa, Oscar Niemeyer y el Presidente Juscelino kubistchek como herramienta para el equilibrio territorial entre el pujante Brasil costero y el despoblado interior del país, la lista de ciudades de nueva planta creadas de la nada bajo un programa de factura posibilista ha ido engrosándose hasta nuestros días, generando multitud de ejemplos de éxito diverso que van desde la atípica Chandigarh (India) de Le Corbusier hasta los megalómanos y más recientes proyectos asiáticos de New Songdo (Corea del Sur), Masdar City (Abu Dhabi) o Putrajaya, capital administrativa de Malasia.

La propuesta de Paul Romer,–que ahora puede convertirse en un proyecto viable en este Estado centroamericano- parte del axioma de que, con reglas, gobierno y estabilidad jurídica y política, y con 1.000 kilómetros cuadrados de terreno vacante (el tamaño aproximado de Hong Kong), en un período de 40 años se puede crear de la nada una comunidad próspera que sirva de embrión para el desarrollo de las economías de los estados en los que se implante, impulsando el crecimiento de estas naciones prestamistas del suelo, cuyas reglas, gobierno y seguridad jurídica y política no son ejemplos recurrentes en los manuales de Ciencia Política.

Obtenido el espacio para la implantación de la Ciudad Modelo, preferentemente de manos del Estado, la primera tarea de sus desarrolladores sería redactar un código que estableciese las reglas de juego; permitiría entrar o salir a quien quisiera; invitaría a inversionistas extranjeros para que construyeran infraestructura y firmaría un tratado (aquí incorpora una polémica reflexión) con un país bien gobernado, que podría ser Noruega o Canadá (y el ejemplo no es casual), para que sirva de “garante” del proyecto, ante posibles inversores y ante los propios habitantes de la ciudad, emulando, en cierta medida,  la tarea asumida por los británicos en Hong Kong. En todo caso, el gobierno de la nueva ciudad estaría supervisado por el Congreso hondureño, y por tanto, (esto es opinión de quien ahora escribe) sometido a los avatares que precisamente pretende conjurar el carácter de excepcionalidad del proyecto.

Según Romer, se trata de reservar un espacio de estas características en estos Estados sub-desarrollados que será entregado (que nadie se alarme, no es neo-colonialismo a decir de su impulsor) a un país más avanzado por un determinado período de tiempo, para que éste establezca allí, con sus leyes y reglas económicas, una ciudad autónoma o “CHARTER CITY”, orientada al comercio y a las finanzas, incorporando un régimen jurídico especial (una suerte de isla jurídica), un sistema de educación independiente, infraestructuras de primer nivel y tecnología al servicio de la prosperidad, abriendo el proyecto a la inversión extranjera. Para evitar desvaríos en su gestión que desvíen a la comunidad naciente de su senda hacia el desarrollo, Paul Romer propone que la ciudad sea tutelada por un por un Consejo de Naciones que velarían por el cumplimiento normativo que la lleve al éxito, proponiendo entre otros, una tutela a cargo de países como la ya citada Noruega, que actuarían de garantes de la experiencia (entiendo que habrá que preguntarle a los Noruegos primero).

El proyecto, que puede evocar en algunos el recuerdo de las fallidas Fordlandia y Belterra en Brasil (fracasadas ciudades impulsadas por el fabricante automovilístico Henry Ford en los años 20 del siglo pasado) combina una dosis de originalidad e ingenuidad que muchas veces se encuentra en la base de los hallazgos de la humanidad, y que puede que escandalice a algunos de nuestros contemporáneos.

La cuestión es que el Sr. Romer, lejos de ser un orate sin pedigree que se lanza irresponsablemente a predicar la última excentricidad académica (últimamente el coaching está desbocado entre nosotros y la nómina de gurús es tan gruesa como el listín telefónico), es Senior Fellow en el Stanford University’s Center for International Development y en el Stanford Institute for Economic Policy Research, además de colaborar con el el Center for Global Development de la misma Universidad de Stanford. No en vano, aparece regularmente en las quinielas de nominados para el Premio Nobel de Economía y en 1997, la Revista Time lo nombró uno de los 25 norteamericanos más influyentes, cosa que, incluso para un norteamericano, no es una cuestión menor. Finalmente, el mediático economista Paul Krugman del MIT de Massachusetts, lo consideró the most influential theorist of the 1980s”.

Quizás, a consecuencia de todo ello, el Sr. Romer, llegado el nuevo milenio, decidió abandonar su labor investigadora en la Universidad y emprender una nueva aventura profesional, que lo ha llevado a convertirse en un audaz teórico del desarrollo urbano, que puede que haya encontrado en Honduras un laboratorio para experimentar a escala humana su teoría, después de haber llegado a un acuerdo con las entusiastas autoridades de aquél país, que han llegado a modificar su texto constitucional para permitir la instalación de la Charter City alumbrada por el Sr. Romer, ofreciendo hasta 3 emplazamientos distintos en el Departamento de Colón  para su implantación (sus habitantes, serán, pues,  colonos del S. XXI).

Los argumentos en torno a la envidiable situación geográfica de Honduras, su posición de centralidad y sus aptitudes para convertirse en hub de comunicaciones en el continente americano, unidos al entusiasmo que han mostrado sus dirigentes políticos por encontrar atajos para el desarrollo de su comunidad (nada menos que el Presidente del país, Sr. Lobo Sosa impulsa directamente el proyecto) y la extendida sensación de urgencia nacional con la que se plantea habitualmente la implantación de estos proyectos hay muchos países que están peleándose por ser la sedes de este proyecto, Honduras  tiene todas las posibilidades para serlo y en el gobierno estamos interesados en que se haga para beneficio de toda la población” ha declarado el Presidente de la Asamblea Legislativa de Honduras-, han provocado que, por fin, Paul Romer haya encontrado la horma de su zapato de urbanista en territorio hondureño, dando carta de naturaleza a un proyecto que habrá que seguir con interés en los próximos años.

La teoría del Sr. Romer –que será blanco fácil para el ataque furibundo generalizado- parte de una serie de estudios y razonamientos intelectuales de cierta profundidad, incorporando a su reflexión las conclusiones alcanzadas por otros teóricos del desarrollo (intuyo, a título personal, la omnipresente inspiración de Richard Florida y su Creative Class) y tal vez pueda resultar un paradigma aplicable a sociedades del tercer y segundo mundo que pese a sus esfuerzos, no logran sacudirse los endémicos vicios que caracterizan a sus clases dirigentes y que, además de contaminar a la cultura empresarial de estos países, les impiden emprender la senda del desarrollo en un mundo cada vez más exigente y desigual. El contrapunto discursivo descansa en el hecho de que la concesión de la gestión total del territorio nacional a terceros, y lo que puede ser más novedoso, la exención total de la aplicación del ordenamiento jurídico hondureño a la Charter City pueda dar lugar a abusos y desmanes, activando los peores recuerdos y usos de la época colonial, revestidos de experimento social – tropical y territorial.

Desde luego, no es una experiencia  modelo que pudiese ser acogido con alegría por nuestras maduras opiniones públicas occidentales (esta es otra discusión que escapa a esta entrada) pero que tal vez, strada facendo, y sin ultraísmos, pueda encontrar su camino en Honduras o en otros países del entorno que han asumido con resignación su condición de gregarios actuales de la historia, poniendo las bases de un proyecto equivalente a otros que en nuestros días y con sordina, se acometen en otras partes del globo, especialmente en China, que construye, por ejemplo, una megalópolis que unirá nueve ciudades ya existentes, convirtiéndose en la ciudad más grande del mundo y que según las previsiones de los mandatarios chinos,  tendrá alrededor de 44 millones de habitantes.

 El tiempo nos lo dirá.

 

Para ulteriores lecturas:

http://www.chartercities.org/ (la web de Paul Romer, en la que explica su proyecto de Charter Cities)

http://www.guardian.co.uk/science/2010/jul/27/paul-romers-charter-cities-idea (El concepto de Charter Citie tiene sus detractores…)

http://www.freakonomics.com/2009/09/29/can-charter-cities-change-the-world-a-qa-with-paul-romer/ (entrevista del autor en Freakonomics, 29/09/2009)

http://www.elheraldo.hn/Ediciones/2011/02/03/Noticias/El-sueno-de-una-ciudad-modelo-en-Honduras (el seguimiento del proyecto para Honduras, en el diario local El Heraldo)

 http://nomada.blogs.com/jfreire/2006/11/fordlandia_una_.html (la historia de Fordlandia en Brasil, por el blog Nómada, de Juan Freire)